Parte 2: La Verdad del Embarazo

Clara sintió que los dedos se le aflojaban alrededor del formulario.

Miró a Daniel sin comprender.

—¿Qué quieres decir?

Él observó discretamente la sala de espera antes de hacerle un gesto hacia su consultorio.

—Ven conmigo. Solo serán unos minutos.

Clara lo siguió en silencio.

Cuando la puerta se cerró, Daniel dejó la carpeta sobre el escritorio.

—Antes de que tomes cualquier decisión, necesito revisar una cosa.

Ella respiró hondo.

—Daniel, no he venido para cambiar de opinión.

—No intento convencerte de nada.

Su tono era el mismo de la facultad: tranquilo, preciso.

—Solo quiero asegurarme de que tienes toda la información médica.

Clara asintió.

Minutos después estaba recostada en la camilla mientras Daniel realizaba una ecografía.

La habitación permanecía en silencio.

Daniel frunció ligeramente el ceño.

Después volvió a ajustar el transductor.

Clara sintió un nudo en el estómago.

—¿Pasa algo?

Él no respondió enseguida.

Tomó varias imágenes.

Guardó las mediciones.

Solo entonces la miró.

—Tu embarazo parece más avanzado de lo que indica la fecha que calculaste.

Clara parpadeó.

—Eso es imposible.

—No digo que sea imposible. Digo que debemos confirmar las semanas con más estudios.

Ella intentó incorporarse.

—¿Cuántas semanas crees que tengo?

Daniel respiró despacio.

—Podrían ser diez.

El corazón de Clara dio un vuelco.

Diez semanas.

Eso significaba que las fechas no coincidían con lo que ella había calculado apresuradamente entre guardias y turnos nocturnos.

—Necesitamos repetir algunos análisis —continuó Daniel—. Prefiero no sacar conclusiones hasta tener todos los datos.

Clara permaneció inmóvil.

No era solo el embarazo.

Era todo lo que había ocurrido durante las últimas horas.

La traición.

El divorcio.

La imagen de Adrián sosteniendo a Vanessa.

Sentía que ya no sabía dónde terminaba el dolor y empezaba la realidad.

Daniel le entregó una toalla de papel.

—Hay otra cosa.

Ella levantó la vista.

—Tu presión arterial está alta.

Has pasado una noche extremadamente estresante.

Sea cual sea la decisión que tomes sobre tu matrimonio, primero tienes que cuidar tu salud.

Clara asintió lentamente.

Las lágrimas comenzaron a caer sin hacer ruido.

No lloraba por Adrián.

Lloraba porque, por primera vez desde que había salido del hospital, alguien estaba pensando en ella.

No en Vanessa.

No en el otro embarazo.

En ella.

Daniel le acercó un vaso de agua.

—¿Quieres que llame a alguien de confianza?

Clara negó con la cabeza.

—No tengo a nadie.

En ese mismo instante, alguien golpeó con fuerza la puerta del consultorio.

Los dos se miraron.

Daniel abrió apenas unos centímetros.

Una enfermera apareció agitada.

—Doctor Reyes, lo buscan con urgencia.

—¿Qué ocurrió?

La enfermera dudó un instante antes de responder.

—Hay un hombre preguntando por la doctora Clara Evans.

Dice que la ha estado buscando en todos los hospitales privados de la ciudad.

Clara sintió un vuelco en el pecho.

—¿Adrián?

La enfermera negó lentamente.

—No.

Hizo una breve pausa.

—Es el padre de Vanessa Laurent. Y asegura que necesita hablar con usted antes de que sea demasiado tarde.

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