PARTE 2: EL NOMBRE QUE NADIE HABÍA MENCIONADO

Elena permaneció varios segundos en silencio.

Nunca imaginó escuchar aquella pregunta.

Mucho menos de Daniel.

—No quiero responder por impulso —dijo finalmente.

Daniel asintió con una sonrisa tranquila.

—Es una buena respuesta.

No tengo prisa.

Prefiero que me digas la verdad, aunque sea dentro de un mes.


Aquella tarde la acompañó hasta la puerta de su casa.

No intentó tomarle la mano.

No insistió.

Solo le entregó una pequeña bolsa de papel.

—Es un libro.

La última vez dijiste que te gustaban las novelas históricas.

Pensé que quizá aún no lo habías leído.

Elena abrió apenas la bolsa.

Era una edición antigua, perfectamente conservada.

Recordó que solo había mencionado ese tema una vez, durante la salida al cine.

Él lo había recordado.


Al entrar en casa, Clara levantó la vista desde el sofá.

—¿Otra vez con el pobre?

Elena dejó el libro sobre la mesa.

—Fuimos a caminar.

Nada más.

Clara soltó una carcajada.

—Qué romántico.

Senderismo y libros usados.

Justo el tipo de vida que imaginaba para alguien como él.


Dos días después ocurrió algo inesperado.

El banco del pueblo organizó una ceremonia para anunciar un nuevo programa de rehabilitación del centro histórico.

Todo el vecindario estaba invitado.

La familia acudió por curiosidad.

El alcalde comenzó su discurso agradeciendo a varias empresas por financiar el proyecto.

Después añadió:

—Pero ninguno de estos trabajos habría sido posible sin la familia Lawson.

Ellos adquirieron antiguos edificios, restauraron propiedades históricas y mantuvieron abiertas decenas de negocios locales durante los últimos años.

Queremos invitar al escenario al presidente del Consejo Lawson.


Clara apenas prestaba atención.

Hasta que vio subir al escenario a Daniel.

Su expresión cambió por completo.

—¿Qué…?

El hombre al que había llamado mediocre acababa de recibir un reconocimiento público junto al alcalde, representantes del banco y empresarios de la región.


Uno de los vecinos comentó detrás de ellos:

—Es increíble que el señor Lawson siga viviendo aquí.

Con todo lo que posee podría haberse marchado hace años.

Otro respondió:

—Su familia tiene medio condado.

Pero él insiste en invertir aquí porque dice que este pueblo le dio todo.


Clara giró lentamente hacia Elena.

—¿Tú sabías esto?

Elena respondió con sinceridad.

—Sabía que su familia tenía muchas propiedades.

Nada más.


Aquella misma noche, Clara buscó el perfil profesional de Daniel.

Por primera vez leyó su trayectoria completa.

Consejero de varias empresas familiares.

Presidente de una fundación educativa.

Miembro del consejo del hospital regional.

Las cifras publicadas en registros mercantiles superaban con creces todo lo que ella había imaginado.


A la mañana siguiente cambió completamente de actitud.

—Mamá…

Creo que fui demasiado dura con Daniel.

Mi madre sonrió.

—Todos podemos equivocarnos.

Todavía estás a tiempo.


Ese mismo día Clara llamó al número que había ignorado durante semanas.

La llamada nunca fue respondida.

Entonces escribió un mensaje.

“Creo que deberíamos hablar.”

Daniel contestó varias horas después.

Solo una línea.

“Gracias, pero ahora estoy con Elena.”


Clara apretó el teléfono con fuerza.

No podía aceptar aquella respuesta.

Durante años había creído que Elena siempre viviría detrás de ella.

Siempre conformándose con lo que sobraba.

Por primera vez, las cosas no estaban ocurriendo de esa manera.


Esa tarde Daniel invitó a Elena a conocer una antigua biblioteca que su fundación acababa de restaurar.

Mientras recorrían el edificio, un hombre mayor se acercó sonriente.

—Joven Daniel.

Su abuelo ya está esperando en la oficina.

Quiere conocer personalmente a la señorita Elena.

Ella miró a Daniel, sorprendida.

—¿Tu abuelo sabe quién soy?

Daniel sonrió.

—Hace bastante tiempo.

Porque antes de invitarte por primera vez al cine…

Él ya había investigado discretamente a mi familia.

Y fue precisamente mi abuelo quien me pidió que dejara de insistir con la hermana equivocada.

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