PARTE 2: EL EXPEDIENTE QUE NUNCA DEBIÓ EXISTIR

Tomás cerró con llave la puerta del despacho.

—Desde este momento no puedes confiar en nadie que aparezca en el expediente de Mauricio.

Daniela seguía mirando la pantalla.

Su nombre aparecía junto a una etiqueta imposible de aceptar.

“Donante compatible.”

No figuraba como paciente.

Figuraba como mercancía.

—¿Esto puede ser real? —preguntó con la voz quebrada.

Tomás respiró profundamente.

—Si ese archivo es auténtico… estamos hablando de homicidio, fraude médico, falsificación documental y tráfico ilegal de órganos.


Mientras tanto, en el Hospital Santa Helena…

Mauricio recorría los pasillos con expresión desesperada.

—¿Todavía no aparece?

El jefe de seguridad negó con la cabeza.

—No, doctor.

Mauricio golpeó la pared con el puño.

—Encuéntrenla antes de que amanezca.

Teresa se acercó.

—La policía ya la está buscando.

Todos creen que sufrió un episodio psiquiátrico.

Mauricio respondió sin apartar la vista del monitor de seguridad.

—No me preocupa la policía.

Me preocupa que recuerde dónde guardaba su padre las copias.


En la oficina de Tomás…

Daniela abrió la memoria USB que su padre le había entregado antes de morir.

Había decenas de carpetas.

Contratos.

Auditorías.

Correspondencia privada.

Y un archivo llamado:

“SI ALGÚN DÍA DESCONFÍAS DE MAURICIO.”

Las manos comenzaron a temblarle.

Abrió el documento.

Era una carta.

“Hija…”

“Si estás leyendo esto, significa que mis sospechas eran correctas.”

“Nunca logré demostrar que Mauricio se acercó a ti por amor.”

“Pero descubrí que, seis meses antes de conocerte, intentó invertir en una clínica privada especializada en trasplantes internacionales.”

“El proyecto fracasó por falta de dinero.”

“Después apareciste tú.”

Daniela sintió un escalofrío recorrerle la espalda.


Tomás abrió otra carpeta.

Dentro había informes financieros.

Transferencias.

Empresas en Panamá.

Fundaciones médicas.

Y una sociedad registrada en Texas.

—Espera…

Se inclinó sobre la pantalla.

—Aquí hay algo.

Amplió un documento.

Beneficiario final:

Houston Advanced Organ Network.

Daniela recordó inmediatamente las palabras de Mauricio.

“El receptor llega mañana desde Houston.”

No era una conversación hipotética.

Todo estaba preparado.


A las seis de la mañana sonó el teléfono de Tomás.

Era Ximena.

La enfermera.

—Doctor…

No tengo mucho tiempo.

Descubrieron que la ayudé.

Me están buscando.

Tomás activó el altavoz.

—¿Qué más sabes?

La voz de Ximena temblaba.

—La operación nunca fue para cambiar una válvula.

El quirófano ya estaba reservado para una extracción multiorgánica.

Daniela cerró los ojos.

Ximena continuó.

—Y hay algo peor.

El certificado de muerte ya estaba redactado desde ayer.

Solo faltaba escribir la hora.


Un silencio pesado llenó la oficina.

Tomás tomó aire.

—Ximena…

Necesito pruebas.

—Las tengo.

Copié el protocolo quirúrgico.

También grabé la conversación entre Mauricio y la anestesióloga.

Pero…

Su respiración se aceleró.

—Ya vienen por mí.

La llamada se cortó.


Daniela quedó inmóvil.

Miró por la ventana.

La ciudad apenas despertaba.

Miles de personas comenzaban su rutina sin imaginar que uno de los cirujanos más famosos del país había organizado una operación para convertir a su propia esposa en una donante involuntaria.

Tomás cerró la computadora.

—Tenemos suficiente para pedir medidas urgentes.

Pero antes de levantarse, el teléfono de Daniela vibró.

Era una notificación automática del fideicomiso creado por su padre.

“Cambio extraordinario de beneficiarios solicitado a las 05:42 horas.”

Frunció el ceño.

—Eso es imposible.

Tomás abrió inmediatamente el documento.

La solicitud llevaba una firma digital.

La de Daniela.

Pero ella nunca la había autorizado.

Y debajo aparecía una segunda firma que hizo que ambos perdieran el color.

Notario autorizante: Mauricio Valdés.

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