Me quedé inmóvil frente al escritorio.
Ethan no apartaba la mirada de mí.
Tenía los ojos enrojecidos.
No de ira.
De alguien que llevaba toda la noche sin dormir.
—¿Cuánto tiempo llevas con Adrian Lockwood? —repitió.
Tardé unos segundos en comprender de qué estaba hablando.
Luego recordé el saco.
El auto.
Y cómo Adrian había abierto personalmente la puerta para que yo subiera.
No pude evitar sonreír.
—¿Con él?
Ethan apretó la mandíbula.
—No hace falta que sigas ocultándolo.
Empujó una carpeta hacia mí.
Dentro había varias fotografías.
La primera mostraba a Adrian colocándome el saco sobre los hombros.
La segunda, abriéndome la puerta del automóvil.
La tercera…
Mi hermano inclinándose para acomodarme el cinturón de seguridad, como hacía desde que yo aprendí a conducir.
Vista desde fuera…
Parecía exactamente la escena de una pareja.
Respiré hondo.
—Señor Blake…
Él levantó una mano.
—No voy a despedirte por eso.
Fruncí el ceño.
—¿Despedirme?
—Pero necesito saber la verdad.
Su voz se volvió más baja.
—¿Entraste a mi empresa porque Adrian te pidió vigilarme?
Ahora sí entendí.
Él no estaba celoso.
Estaba asustado.
Pensaba que Blake & Co. era tan pequeña que Lockwood Group había infiltrado a alguien para comprarla o destruirla.
Negué con la cabeza.
—No.
—Entonces…
Hizo una pausa.
—¿Estás saliendo con él?
No respondí inmediatamente.
Porque, técnicamente…
Sí veía a Adrian casi todos los días.
Cenábamos juntos.
Discutíamos.
Nos peleábamos por tonterías.
Él seguía llamándome “princesa”.
Pero explicar aquello solo empeoraría las cosas.
En ese momento llamaron a la puerta.
La recepcionista asomó la cabeza.
—Señor Blake…
Hay un mensajero para la señorita Lily.
—Que pase.
Un hombre con uniforme entró empujando un carrito.
Sobre él había un enorme arreglo floral.
Rosas blancas.
Lirios.
Y una pequeña tarjeta negra.
Toda la oficina comenzó a mirar.
Ethan también.
El mensajero sonrió.
—Entrega para la señorita Lily.
Firmé sin pensar.
Abrí la tarjeta.
Solo decía:
“Anoche olvidaste devolverme el saco. Mamá dice que lo lleves a cenar el domingo. — Adrian.”
Cerré los ojos.
—Hermano…
Susurré para mí.
¿Por qué no podías escribir una tarjeta normal?
La oficina estalló en murmullos.
Ethan leyó apenas unas palabras desde donde estaba.
Su expresión se volvió todavía más seria.
—Lily.
—Sí.
—Creo que deberías aceptar otro trabajo.
Levanté lentamente la vista.
—¿Perdón?
—Si realmente estás con Adrian Lockwood…
Cualquier decisión que tome contigo parecerá favoritismo.
Y si él decide invertir…
Todos creerán que compró la empresa por ti.
Sentí un pequeño nudo en el pecho.
Porque Ethan estaba intentando proteger su empresa.
Y proteger también mi reputación.
Antes de que pudiera responder, otro empleado entró apresuradamente.
—¡Señor Blake!
—¿Qué ocurre?
—Hay… hay una comitiva de Lockwood Group en recepción.
Toda la oficina quedó en silencio.
Cinco hombres con traje oscuro cruzaron el área de trabajo.
Detrás de ellos apareció Adrian.
Tan impecable como la noche anterior.
Los empleados dejaron de escribir.
Nadie respiraba.
Adrian caminó directamente hacia mi escritorio.
Ni siquiera miró a Ethan.
Solo extendió la mano.
—Prin…
Se detuvo a tiempo.
Carraspeó.
—Señorita Lily.
Vine por mi saco.
Sentí ganas de desaparecer.
Le entregué el saco inmediatamente.
Él sonrió.
—Gracias.
Después, por primera vez, miró a Ethan.
—Señor Blake.
Gracias por cuidar de…
Volvió a detenerse.
Era evidente que estaba eligiendo cuidadosamente cada palabra.
—…la señorita Lily durante este tiempo.
Ethan asintió con rigidez.
—Ha sido una excelente empleada.
Adrian sonrió ligeramente.
—Lo sé.
Siempre ha sido muy responsable.
El silencio volvió a caer.
Hasta que, desde el fondo de la oficina, la directora de Recursos Humanos preguntó con toda naturalidad:

—Disculpe, señor Lockwood…
¿Cómo conoce tan bien a nuestra secretaria?
Adrian y yo nos miramos al mismo tiempo.
Los dos comprendimos que ya no había forma elegante de seguir ocultándolo.
Y la respuesta que estaba a punto de dar cambiaría por completo la forma en que toda la empresa veía a Lily.