PARTE 2: EL NOMBRE QUE NADIE HABÍA MENCIONADO

Grace permaneció inmóvil.

—¿Beatrice?

Caleb seguía con la vista fija en el suelo.

Tenía las manos temblando.

Como si, al pronunciar aquel nombre, hubiera derrumbado la última pared que sostenía su mentira.

Robert dio un paso al frente.

—Explícate ahora mismo.

Caleb respiró con dificultad.

—Antes de conocer a Katherine… yo estaba con Beatrice.

Grace frunció el ceño.

Nunca había escuchado ese nombre.

Su hijo siempre había dicho que Katherine era su primera relación seria.

—¿Quién es Beatrice?

Caleb levantó lentamente la cabeza.

—La mujer con la que pensaba casarme.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Frank intercambió una mirada con Robert.

Grace sintió un escalofrío.

—¿Por qué nunca nos hablaste de ella?

Caleb soltó una risa amarga.

—Porque cuando todo terminó… preferí fingir que nunca había existido.

Se pasó una mano por el rostro.

—Trabajaban juntas.

Grace parpadeó.

—¿Katherine y Beatrice?

Él asintió.

—En la misma empresa.

—¿Y qué ocurrió?

Caleb tardó varios segundos en responder.

—Beatrice perdió el trabajo.

Grace esperaba una explicación mucho mayor.

—¿Eso fue todo?

—No.

Su voz sonó completamente rota.

—Ella decía que Katherine la había traicionado.

Robert cruzó los brazos.

—¿Qué significa “la había traicionado”?

Caleb negó lentamente con la cabeza.

—Nunca me contó todos los detalles.

Solo repetía que Katherine le había quitado todo.

Que por su culpa había perdido la carrera.

Su estabilidad.

Su futuro.

Grace escuchaba sin interrumpir.

Había aprendido, con los años, que cuando alguien habla dominado por la culpa, las piezas terminan cayendo solas.

—¿Y tú le creíste?

Caleb cerró los ojos.

—Sí.

Una lágrima resbaló por su mejilla.

—Le prometí que algún día Katherine sentiría el mismo miedo que ella.

Grace sintió un vacío en el pecho.

—¿Por eso te acercaste a Katherine?

Él no respondió.

No hacía falta.

El silencio bastó.

Todo el noviazgo.

La propuesta.

Los preparativos.

La boda.

Habían nacido de una mentira.


Mientras tanto, en la habitación de invitados, Katherine permanecía sentada al borde de la cama.

Seguía abrazándose a sí misma.

Grace entró despacio.

Se sentó frente a ella.

No hizo preguntas.

Solo esperó.

Después de varios minutos, Katherine habló.

—Nunca conocí realmente a Beatrice.

Grace levantó la mirada.

—¿Qué quieres decir?

—Trabajábamos en la misma empresa.

Pero en departamentos distintos.

Respiró profundamente.

—Un día hubo una auditoría interna.

Encontraron irregularidades.

Varias personas fueron despedidas.

Grace permanecía en silencio.

—Entre ellas estaba Beatrice.

—¿Tuviste algo que ver?

Katherine negó inmediatamente.

—No.

La auditoría la hizo una consultora externa.

Yo ni siquiera participé.

Sus labios comenzaron a temblar.

—Jamás hablé con ella más de tres veces.

Grace sintió que algo no encajaba.

—Entonces… ¿por qué Caleb estaba convencido de que tú la habías destruido?

Katherine bajó la vista.

—Porque alguien se encargó de hacérselo creer.


En ese mismo instante sonó el teléfono de Caleb.

La pantalla mostraba un nombre.

Beatrice.

Él permaneció inmóvil.

Robert observó la pantalla.

—Contesta.

Caleb dudó.

Finalmente respondió.

Activó el altavoz sin decir una palabra.

Del otro lado llegó una voz tranquila.

—¿Ya pasó?

Grace sintió que la sangre se le helaba.

Beatrice continuó hablando.

—¿La asustaste lo suficiente?

Nadie respondió.

Entonces ella rió suavemente.

—Te dije que una mujer orgullosa solo aprende cuando pierde la seguridad.

Grace miró a su hijo.

Él estaba completamente pálido.

Porque, por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, comprendía que las palabras de Beatrice sonaban mucho menos como las de una víctima… y mucho más como las de alguien que había estado moviendo las piezas desde el principio.

Y al otro lado de la línea, Beatrice todavía no tenía idea de que no estaba hablando únicamente con Caleb. Estaba siendo escuchada por toda la familia.

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