Parte 2: Al Amanecer No Quedó Nada

Esa noche, Mariana no discutió.

No gritó.

No volvió a llamar a sus padres.

Simplemente observó a Fernanda quedarse dormida atravesada sobre su cama, con el celular todavía encendido sobre el pecho.

Y tomó una decisión.

La misma decisión que llevaba años posponiendo.

Abrió su computadora portátil.

Entró a su cuenta bancaria.

Después a una carpeta que tenía guardada desde hacía meses.

Una carpeta llamada:

“Por si algún día me canso.”

Dentro estaban todos los documentos.

Recibos.

Facturas.

Contratos.

Fotografías.

Estados de cuenta.

Cada compra que había realizado para aquel departamento durante seis años.

El refrigerador.

La sala.

La mesa.

Las sillas.

La lavadora.

El microondas.

Las cortinas.

La cafetera.

Incluso las lámparas.

Todo estaba a su nombre.

Todo.

Porque aunque el espacio pertenecía a sus padres, absolutamente todo lo que había dentro lo había comprado ella.

Mariana trabajó hasta las dos de la madrugada.

Hizo llamadas.

Mandó mensajes.

Confirmó horarios.

Y finalmente cerró la computadora.

Luego observó el departamento por última vez.

No con tristeza.

Con alivio.

A las cinco y media de la mañana sonó el timbre.

Fernanda seguía dormida.

Mariana abrió la puerta.

Tres hombres entraron en silencio.

Comenzaron a desmontar muebles.

A cargar cajas.

A retirar electrodomésticos.

Todo perfectamente organizado.

Todo legal.

Todo documentado.

A las seis y veinte, el departamento parecía irreconocible.

A las seis y cuarenta y cinco, ya no parecía un hogar.

A las siete en punto, Mariana cerró la puerta.

Entregó la llave.

Y se marchó.

Sin avisar a nadie.

Sin dejar explicaciones.

Sin mirar atrás.

Media hora después, Fernanda despertó.

Estiró el brazo buscando su cargador.

No encontró la mesa de noche.

Abrió los ojos.

Y se incorporó de golpe.

El departamento estaba vacío.

Completamente vacío.

No había sofá.

No había televisión.

No había refrigerador.

No había mesa.

No había cafetera.

No había cortinas.

Ni siquiera quedaban las lámparas.

Solo las paredes desnudas.

Y un sobre blanco sobre el suelo.

Fernanda gritó.

Corrió escaleras abajo.

Doña Elvira fue la primera en subir.

Luego don Arturo.

Los tres se quedaron inmóviles al entrar.

Parecía un inmueble recién construido.

Vacío.

Frío.

Hueco.

Fernanda abrió el sobre con manos temblorosas.

Dentro había una sola hoja.

La letra era de Mariana.

“Como me dijeron que si no me gustaba podía irme, decidí hacer exactamente eso.

Pagaba renta por el espacio.

Todo lo demás era mío.

Que tengan un buen día.”

Doña Elvira se quedó blanca.

Don Arturo arrancó el papel de las manos de Fernanda.

—¡No puede hacer esto!

Pero sí podía.

Porque cada factura estaba a nombre de Mariana.

Cada compra.

Cada electrodoméstico.

Cada mueble.

Todo.

Fernanda comenzó a llorar.

—¿Y ahora dónde voy a vivir?

Nadie respondió.

Porque por primera vez la pregunta ya no podía dirigirse a Mariana.

Dos horas después intentaron llamarla.

No contestó.

Intentaron escribirle.

No respondió.

Intentaron localizarla en el trabajo.

Pero Mariana ya había solicitado una transferencia semanas antes.

Una transferencia que nadie conocía.

Aquella misma tarde, don Arturo descubrió algo peor.

Mucho peor.

Porque al revisar los depósitos de renta de los últimos seis años encontró algo que nunca había calculado.

Más de ochocientos mil pesos.

Ochocientos mil pesos que Mariana les había pagado puntualmente mientras ellos insistían en que le estaban haciendo un favor.

Y por primera vez comenzó a preguntarse quién había estado aprovechándose realmente de quién.

Pero la verdadera sorpresa llegó tres días después.

Cuando un mensajero entregó una carta certificada.

Una carta dirigida únicamente a don Arturo y doña Elvira.

Y al leer la primera página, ambos comprendieron que Mariana no solo se había marchado.

También había tomado una decisión que cambiaría para siempre la relación con toda la familia.

Porque aquella carta no hablaba del departamento.

Hablaba de algo que llevaba años guardándose en silencio.

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