PARTE 2: La Carpeta Que Detuvo La Gala

El presentador sonreía bajo los reflectores.

—Un fuerte aplauso para el señor Gonzalo Arriaga y su distinguida esposa.

Los aplausos llenaron el salón.

Jimena levantó la mano con elegancia.

La pulsera de la abuela de Sofía brilló bajo las luces.

Gonzalo no corrigió la presentación.

Ni una sola vez.

En la habitación, Sofía observaba la transmisión sin apartar la vista.

Santiago cerró la tablet.

—Ya empezó.

—¿Qué hiciste?

—Solo dije la verdad… a las personas correctas.

En ese instante, la puerta principal del salón se abrió.

Entraron tres hombres y una mujer vestidos de traje.

No llevaban cámaras.

No eran invitados.

Eran integrantes del comité de auditoría del Grupo Altavista.

El murmullo recorrió las mesas.

El presidente del consejo frunció el ceño.

—¿Ocurre algo?

La mujer caminó directamente hacia el escenario.

—Necesitamos hablar con el señor Arriaga antes de continuar con la subasta.

Gonzalo intentó mantener la sonrisa.

—Podemos hacerlo después del evento.

Ella negó con firmeza.

—No.

Sacó una carpeta azul.

—Debe ser ahora.

Jimena dio un paso atrás.

Reconoció aquella carpeta.

Era idéntica a la que había visto días antes en la oficina de Santiago.

Gonzalo bajó la voz.

—¿Qué significa esto?

La auditora abrió el expediente.

—Durante las últimas dos horas recibimos documentación relacionada con posibles desvíos de fondos, falsificación de autorizaciones internas y manipulación de registros contables.

El salón quedó completamente en silencio.

Jimena intentó intervenir.

—Debe tratarse de un error.

La mujer pasó la primera hoja.

—Las transferencias fueron autorizadas desde la cuenta corporativa de la señorita Jimena Torres.

Otra página.

—Los comprobantes contienen su firma electrónica.

Otra más.

—Y las cámaras de la empresa registran quién retiró físicamente los documentos originales.

Jimena sintió que el aire desaparecía.

Gonzalo giró lentamente hacia ella.

—¿De qué están hablando?

Ella sonrió con nerviosismo.

—No les creas.

Todo está manipulado.

En la habitación, Sofía observó cómo su hijo respiraba con absoluta calma.

—¿De verdad consiguió todo eso?

Santiago negó.

—Solo una parte.

Le entregó otra carpeta, mucho más gruesa.

—La verdadera evidencia está aquí.

Sofía abrió la primera página.

Había informes médicos.

Resultados toxicológicos.

Análisis del contenido de la taza de caldo que Jimena le había llevado aquella tarde.

La presencia de un sedante aparecía claramente señalada.

Sofía levantó lentamente la vista.

—¿Cómo conseguiste esto?

—Cuando Doña Lucha me llamó diciendo que no podías despertarte, llevé la taza al laboratorio de la universidad.

Sofía sintió un escalofrío.

Su propio hijo había comenzado a investigar antes de que ella entendiera lo que estaba ocurriendo.

Mientras tanto, en la gala, Gonzalo hojeaba desesperadamente la carpeta azul.

Cada página empeoraba la anterior.

Facturas falsas.

Empresas fantasma.

Pagos sin justificar.

Transferencias por millones de pesos.

Todas relacionadas con Jimena.

Él levantó la vista lentamente.

—Dime que esto no es cierto.

Jimena permaneció en silencio.

Por primera vez desde que llegó usando el vestido de Sofía, no encontró ninguna respuesta.

Entonces un joven apareció al fondo del salón.

Camisa blanca.

Portafolio negro.

Era Santiago.

Caminó entre las mesas sin mirar a nadie.

Todos comenzaron a murmurar.

Se detuvo frente al escenario.

Abrió el portafolio.

Sacó una carpeta color vino.

La colocó sobre el atril.

Miró directamente a Jimena.

—Lo que ustedes tienen explica el dinero.

Apoyó una mano sobre la nueva carpeta.

—Esto explica por qué mi madre nunca llegó esta noche.

Y cuando Gonzalo abrió aquel segundo expediente, comprendió que el escándalo financiero era apenas el principio.

Porque las primeras páginas demostraban que Sofía no se había quedado dormida por casualidad. Había sido drogada deliberadamente horas antes de la gala.

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