PARTE 2: LA PRIMERA JUGADA

El silencio se instaló en mi despacho.

Miré el nombre impreso en la carpeta una y otra vez.

Bennett Holdings.

El principal cliente del bufete de Adrian.

La empresa de la familia de Claire.

No era una aventura.

No era una amistad mal entendida.

Era una alianza.

Henry rompió el silencio.

—Llevamos una hora revisando los contratos. Durante los últimos dieciocho meses, el despacho Shaw Legal ha representado a Bennett Holdings en todas las negociaciones importantes.

Levanté la vista.

—¿Adrian sabía que yo volvería a Morgan Global?

—No tenemos forma de saberlo.

Negué lentamente.

—Sí la tenemos.

Tomé mi teléfono y marqué un número.

—Rachel, quiero el historial completo de todas las llamadas entre Bennett Holdings y Shaw Legal durante el último año. También las reuniones, correos y cualquier conflicto de interés.

—Ahora mismo.

Colgué.

Por primera vez desde que salí de casa, dejé de pensar como una esposa.

Volvía a pensar como la abogada que una vez había derrotado a empresas mucho más grandes que aquella.


A más de novecientos kilómetros, Adrian llevaba doce horas sin dormir.

Su casa seguía exactamente igual que la noche anterior.

Demasiado ordenada.

Demasiado vacía.

Abrió el armario.

Mi lado estaba completamente limpio.

Solo quedaban unas perchas balanceándose.

Entró en la habitación de Lily.

La cama estaba hecha.

Los peluches habían desaparecido.

Sobre la cómoda encontró un único objeto.

Nuestra fotografía del día de la boda.

El cristal estaba intacto.

Pero mi rostro había sido retirado con una precisión casi quirúrgica.

Solo quedaba él.

Solo.

Su teléfono sonó.

—¿La encontraste? —preguntó sin saludar.

—No, señor Shaw —respondió su investigador—. Pero sabemos que salió legalmente del país con la niña.

Adrian cerró los ojos.

—¿Destino?

—Londres.

Sintió un vuelco en el estómago.

Londres.

El lugar al que Elena siempre había querido regresar.


Mientras tanto, Claire sonreía frente al espejo de su oficina.

Su padre entró sin llamar.

—La noticia ya está circulando.

Ella dejó el lápiz labial sobre la mesa.

—¿Las acciones bajaron?

—Un tres por ciento.

Claire sonrió.

—Es suficiente para sembrar dudas.

—¿Y Adrian?

Ella soltó una pequeña risa.

—Todavía cree que todo esto trata de salvar su matrimonio.

Su padre la observó con atención.

—No te enamores de un hombre útil.

Úsalo.

Claire respondió con absoluta tranquilidad.

—Hace mucho que aprendí la diferencia.


Aquella tarde recibí a Margaret Wells.

La mejor abogada de divorcios del Reino Unido.

Leyó mi historia sin interrumpirme.

Cuando terminé, cerró la carpeta.

—¿Qué quiere exactamente?

No necesité pensarlo.

—La custodia completa de Lily.

—¿Y el matrimonio?

Respiré hondo.

—Quiero terminarlo.

—¿Y Adrian?

Miré la marca que aún permanecía en mi mejilla.

—Quiero que enfrente las consecuencias de cada decisión que tomó.

Margaret asintió lentamente.

—Entonces no responderemos a sus provocaciones.

Atacaremos cuando no pueda defenderse.


Rachel entró de nuevo con una memoria USB.

—Encontramos algo.

Conectó el dispositivo a la pantalla.

Aparecieron decenas de transferencias.

Fechas.

Reuniones.

Contratos.

Y un documento firmado seis meses antes.

Mi respiración se detuvo.

El despacho Shaw Legal había asesorado a Bennett Holdings precisamente en la adquisición que ahora competía contra Morgan Global.

Henry frunció el ceño.

—Esto nunca fue declarado.

Margaret levantó la mirada.

—Eso es un conflicto de intereses gravísimo.

Sentí que todas las piezas empezaban a encajar.

Claire no se había acercado a Adrian únicamente para quedarse con mi esposo.

También necesitaba acceso indirecto a la empresa de mi familia.

Y Adrian…

Tal vez ni siquiera comprendía que había sido utilizado.

O tal vez sí.

Cualquiera de las dos respuestas era igual de devastadora.

En ese instante, mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Contesté.

—¿Elena?

Era Adrian.

Su voz ya no sonaba arrogante.

Sonaba desesperada.

—Solo quiero ver a Lily.

Cerré los ojos unos segundos.

—Lo pensaré.

—Por favor…

—Hay una condición.

Él guardó silencio.

—La próxima vez que nos veamos…

Abrí el expediente donde aparecía el nombre de Bennett Holdings junto al suyo.

—No será como tu esposa.

Será frente a un juez.

Y cuando colgué, Rachel volvió a entrar, esta vez completamente pálida.

—Señorita Morgan…

—¿Qué ocurrió ahora?

Rachel dejó una nueva carpeta sobre mi escritorio.

—Acaba de llegar un informe confidencial desde Nueva York.

Miré el sello de máxima prioridad.

Al abrir la primera página, vi una fotografía.

En ella aparecían Adrian y Claire entrando juntos, de noche, al edificio privado de Bennett Holdings… dos semanas antes de que empezara la campaña para destruir mi reputación.

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