Daniel sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
Todavía tenía los papeles del divorcio entre las manos cuando el investigador dejó la carpeta negra sobre la pequeña mesa metálica de la habitación.
Claire intentó incorporarse en la cama contigua.
—Debe haber un error.
El hombre ni siquiera la miró.
Sacó una credencial.
—Michael Harris. Unidad de Cumplimiento Corporativo de Foster Dynamics.
Daniel frunció el ceño.
—¿La empresa?
—Sí.
Durante unos segundos nadie habló.
Solo se escuchaba el pitido constante de los monitores cardíacos.
Michael abrió la carpeta.
—Señor Foster, desde hace seis semanas investigamos una serie de pagos irregulares realizados desde cuentas corporativas.
Daniel tragó saliva.
—Eso ya lo expliqué.
El investigador negó lentamente.
—No.
Usted explicó el apartamento.
Pero nosotros seguimos investigando.
Claire comenzó a ponerse pálida.
—Danny…
Él levantó la mano para pedirle que guardara silencio.
Michael colocó varias hojas sobre la cama.
—Veintisiete transferencias.
Ocho tarjetas corporativas.
Tres contratos de consultoría inexistentes.
Dos proveedores fantasma.
Daniel observó los documentos sin tocarlos.
Conocía cada uno de ellos.
Había firmado todos.
Creyendo que nadie los revisaría jamás.
Entonces Michael deslizó una última hoja.
—Y esto.
Era una autorización electrónica.
El concepto decía:
“Tratamiento médico prioritario – Claire Bennett.”
Monto.
318.400 dólares.
Daniel levantó bruscamente la cabeza.
—Eso no puede ser.
Michael mantuvo la calma.
—Fue aprobado utilizando sus credenciales ejecutivas.
Claire abrió mucho los ojos.
—Danny… yo nunca vi esa cantidad.
Él giró hacia ella.
—Porque nunca existió.
Por primera vez desde que comenzó todo, parecía sinceramente confundido.
Michael tomó asiento.
—Eso mismo queremos averiguar.
…
Mientras tanto, yo estaba sentada frente al ventanal de la cafetería del hospital.
La taza de café seguía intacta.
Maya apareció diez minutos después.
Traía otra carpeta.
Mucho más gruesa.
Se sentó frente a mí.
—¿Estás preparada?
Asentí.
Abrió la carpeta.
—Anoche terminé de revisar toda la documentación financiera que me enviaste.
Sacó varias impresiones.
—Hay algo que no encaja.
Miré las fechas.
Transferencias.
Facturas.
Contratos.
Todas relacionadas con Claire.
Pero había una diferencia.
Las primeras operaciones habían comenzado casi un año antes de que Daniel conociera oficialmente a Claire.
Fruncí el ceño.
—Eso es imposible.
Maya señaló un nombre.
—¿Conoces a esta persona?
Leí lentamente.
Jonathan Mercer.
Negué.
—Nunca lo había visto.
—Es el propietario legal de la inmobiliaria que compró el apartamento donde vive Claire.
Seguía sin entender.
Maya respiró profundamente.
—Y también es el administrador de una empresa que lleva años contratando exclusivamente con Foster Dynamics.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Ella cerró la carpeta.
—Que Claire quizá nunca fue el origen del problema.
Permanecí completamente inmóvil.
Maya continuó.
—Puede que solo haya sido una pieza.
…
En el hospital, Michael seguía interrogando a Daniel.
—Necesitamos acceso a su computadora personal.
—La tendrán.
—También a su teléfono.
Daniel asintió.
No tenía fuerzas para discutir.
Entonces el investigador hizo una pregunta inesperada.
—¿Cuándo conoció exactamente a la señorita Bennett?
—Hace dieciocho meses.
Michael escribió algo.
—¿Está seguro?
—Sí.
El investigador levantó lentamente otra fotografía.
Era una imagen tomada por una cámara de seguridad.
Fecha.
Tres años atrás.
En ella aparecían Daniel…
Y Claire.
Entrando juntos en un restaurante.
Daniel sintió que el corazón se detenía.
Claire comenzó a llorar.
—Yo…
Michael cerró la carpeta.
—Acaban de mentir los dos.
La habitación quedó completamente en silencio.
…
Mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Maya.
Solo una línea.
“Acaban de solicitar una orden para preservar todos los servidores de la empresa. Esto ya no es solo un divorcio.”
Levanté lentamente la vista hacia la ventana del hospital.
Durante meses pensé que Claire había destruido mi matrimonio.
Ahora empezaba a sospechar que ella tampoco conocía toda la verdad.
Y entonces recibí una llamada desde un número privado.
Contesté.
Una voz masculina habló en apenas un susurro.
—¿Señora Elena Foster?
—Sí.
—No confíe en que Daniel sea el responsable principal.

Sentí un nudo en el estómago.
—¿Quién habla?
Hubo un breve silencio.
Después pronunció una frase que hizo que el café perdiera todo el sabor.
—Busque quién autorizó el primer pago.
Porque el dinero nunca salió por decisión de su esposo.
Salió por orden de alguien que está por encima de él… y esa persona acaba de descubrir que usted tiene las pruebas.